Lo que puedes hacer tú: los filtros
Los filtros de la unidad interior retienen el polvo, el pelo de las mascotas y las partículas del aire. Cuando se llenan, el aire pasa con dificultad, el equipo trabaja más para dar la misma temperatura y el ambiente se nota más cargado.
En temporada de uso, lo razonable es revisarlos cada dos a cuatro semanas. Se sacan con facilidad levantando la tapa frontal, se aspiran o se lavan con agua tibia y se dejan secar a la sombra antes de volver a colocarlos. Si en casa hay mascotas, fumadores o obras cerca, conviene hacerlo con más frecuencia.
Nunca pongas el equipo en marcha sin filtros: el polvo se depositaría directamente en la batería interior, que es mucho más difícil de limpiar.
Lo que debe hacer un técnico: la revisión anual
En una vivienda con un uso normal, recomendamos una revisión profesional al año, idealmente en primavera, antes de que llegue el calor. Si usas el equipo también para calefacción durante el invierno, muchas familias prefieren dos visitas: una antes del verano y otra antes del frío.
En una revisión completa se limpian la batería y la bandeja de condensados de la unidad interior, se comprueba que el desagüe evacua bien, se revisa la unidad exterior, las conexiones eléctricas y el funcionamiento general, y se verifican las presiones de trabajo para detectar posibles faltas de gas refrigerante.
Locales, oficinas y empresas: más uso, más revisiones
Un comercio o una oficina con la climatización encendida muchas horas al día acumula suciedad mucho más rápido que una vivienda. En estos casos lo habitual es planificar revisiones periódicas a lo largo del año, adaptadas a las horas de uso y al tipo de instalación: splits, cassette, conductos o sistemas VRV.
Para un negocio, además, una avería en plena temporada significa clientes incómodos o trabajadores que rinden peor. Por eso el mantenimiento programado tiene todavía más sentido.
Señales de que tu equipo necesita una revisión ya
Hay síntomas que indican que no conviene esperar a la revisión anual: el equipo enfría o calienta menos que antes, tarda mucho en llegar a la temperatura, hace ruidos nuevos, desprende mal olor al arrancar, gotea agua por la unidad interior o la factura de la luz ha subido sin motivo aparente.
Cualquiera de estas señales suele tener una causa sencilla si se detecta pronto, como un filtro obstruido o un desagüe atascado. Si se deja pasar, puede acabar afectando a piezas más caras.
Por qué merece la pena no saltarse el mantenimiento
Un equipo limpio y bien ajustado consume menos, enfría y calienta mejor, dura más años y mantiene un aire más limpio en casa. El mantenimiento no es un gasto extra: es la forma más sencilla de evitar averías en el peor momento.
Si no quieres estar pendiente de las fechas, una póliza de mantenimiento preventivo y correctivo se encarga de recordártelo, de hacer las revisiones y de darte prioridad si surge una avería.
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